No sé que pasa, deben ser las incesantes lluvias de los últimos días pero lo cierto es que mientras el cielo no deja de llorar yo en cambio me siento cada día que pasa con más ganas de gritar. Será por otras cuestiones que nada tienen que ver con las luchas entre borrascas, será quizás que me he cortado el pelo, síntoma inequívoco de que algo pasa con mary..., que será..., y a quién le importará...
Lo importante es que noto un cambio de tendencia. Algo se huele en el aire, nuevos aires. Y esta vez no depende del viento, ni de que sople más o menos, aquí o allá. De hecho, apenas siento la responsabilidad que antes atenazaba mis pasos y me hacía mirar cada baldosa de la acera por miedo a que todo el mundo que había construido se derrumbara bajo mis pies.
Creo que me he vuelto un poco más pragmático. Quizás es que he perdido la fe totalmente, quizás es que he olvidado que un día la tuve.
La cuestión es que hoy solo quiero poder ser consciente, para lo bueno y para lo malo, de que en el fondo no somos nadie hasta que no tomamos conciencia de esto mismo, de que no somos nadie. No es que antes fuera un inconsciente, no es eso. Es que antes quería ser demasiado consciente de todo. Ahora prefiero vivir dandome cuenta de lo vivido, viviendo el presente sin mirar más allá que lo que mis pies me van a permitir llegar.
No te empeñes en buscar sentido a sinsentidos, origen a lo eterno y fin al infinito. No te guardo rencor, ni a ti ni a nadie. La culpa la tiene la vida, ¿no? no me hables de destinos. Lo fácil es culpar a los demás, o a uno mismo si eres valiente. Por eso te lo digo bajito, para evitar que algún día pueda convertirse en verdad. O mejor dicho, antes de que pueda estar tan cerca de tí como para que la realidad adquiera una forma que me impida ver esa verdad. Porque recuerda, este es nuestro secreto, no lo olvides: Todo es mentira. Y si no, ¿qué importancia tiene?
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