
Allí se quedó Amelie con su bigote. Mirará a un lado y a otro buscando una respuesta, un gesto, una mirada. A veces el destino parece querer jugar con nosotros. Sus medias de rejilla gastada daban sentido a mis aleatorios dolores de cabeza. ¿Estaré enfermo? La gente te pregunta, te habla, te cuenta. Busca rellenar nichos de información. La gente viene, va, sonríe, saluda y de repente se da cuenta de que hay que luchar por algo tangible. Delimitaban tu capacidad para obtener ciertos logros. El otro día lo vi en tus ojos. Parecía que me mirabas, pero sé que ni siquiera estabas viendo un reflejo de lo que soy. Sonreíste, debió ser la brisa del norte que ya empezaba a jugar con tu evidente fragilidad. Tengo la jodiente capacidad de conocer a las personas con apenas mirarles a los pies. Jodiente porque desde aquí arriba, tan lejos del suelo, no soy capaz de ver los míos. Y buscas delimitarte, situarte dentro de algún patrón de conducta que te ayude a seguir una línea recta. Pero la información no llega del todo claro y necesitas encontrar como sea ese interruptor que active tus defensas como un Actimel en ayunas. Pero antes de nada, para dejar las cosas claras. ¿Estás dispuesto a escuchar? Tu actitud parece no darte la razón, quizás no eres tan diferente a ellos